Yo tengo un problema de concentración bastante serio. Hay veces que no puedo siquiera ver un capítulo de Los Simpsons completo. Por eso creo que si una película me atrapa tanto como para no dejarme escribir tranquilo en el blog, o blogudear por ahí, o chatear con los boludos que estén conectados, es decir, si una película me atrapa tanto como para tener que verla o verla, esa película es decididamente buena. "Día de entrenamiento" ("Training day", 2001) es una de esas películas. Es simplemente excelente, toda, desde que empieza hasta que termina. Bah, en realidad hacia el final me inquieta un poco la conducta de uno de los personajes secundarios, pero bue, quizá sea yo muy exquisito, o quizá sea solo una conveniencia perdonable del argumento.

Sinopseando: la película transcurre a lo largo de un día donde un policía -detective, más precisamente- vieja escuela le da un paseo experimental a un novato, recién salidito del horno, para mostrarle cómo está la calle. El viejo, Alonzo, es negro (Denzel Washington); el nuevo, Jake, es blanquito (Ethan Hawke, este carilindo que tengo del empolvado peliculón "La sociedad de los poetas muertos" del que ya voy a escribir algo). Marco esta diferencia por dos cosas: primero, mal o bien soy un tipo medianamente esquemático, y tengo al mundo entre ojos (especialmente al Imperio) por este siempre latente asunto de la discriminación; segundo, porque mal o bien hace a la película que el experimentado y corrupto sea el negro -el malo digamos-, y el novato, ingenuo e inocente proclamador de la legalidad sea el blanco. Digo que hace a la película porque bueno, es sabido que desde siempre hubo prejuicios raciales en Yankilandia (como en todos lados), y prejuicios sociales de corte económico (como en todos lados), es decir, que los negritos están directamente abajo, y si encima no tienen plata son delincuentes (no por el hecho de que "lo sean" estrictamente, sinó más bien por la visión popular). Así, la marginación produce un efecto espejo, y tanto como los negros son marginales en la sociedad de poder blanco, los blancos son marginales en la sociedad de poder negro (barrios bajos, por ejemplo). Obvio que esto no es una regla corte matemática, pero según mi propia experiencia se aplica en la mayoría de los casos; digámosle "resentimiento social". Bue, a todo esto, lo que tiene que ver es que Alonzo es un tipo con calle, despreocupado de la vida (o eso parece, en principio), y corrupto como pocos (o como muchos, bah). Tiene contactos, más vale, que al fin son los que le dan un "respaldo" a uno solo por el hecho de tenerlos como contactos, a veces con sólo conocerlos, y tiene poder, sobre todo. Tiene poder y tiene mucha ambición. Jake, en cambio, es un guacho que se comió el cuento de los buenos y los malos en la escuelita de vigilantes y quiere salir a la calle a meter presos a los chorros. Esta película, este día de entrenamiento, consiste entonces en aclararle el panorama al novato. Lo cómico es que su contraparte sea justamente quien lo prepare. Bah, "cómico", de acá se desprende la red de redes esencial de la película, de la contraposición.

A medida que avanza el día y van paseando en el alto tutú ese, el negro va charlando con el guacho y preguntándole y cuestionándole cosas. Lo hace fumar crack diciéndole que es faso, atrapándolo con el viejo juego del "ahh, gallinita, gallinita, có-corocó". Se van desprendiendo en la charla a su vez ciertos análisis sociales bastante interesantes, donde Alonzo le hace ver a Jake que no se puede comer el mundo y hacer la gran Batman de andar liquidando malos. "Que la basura se encargue de la basura, nostros vamos a por los grandes" le dice al guacho, ejemplificando el hecho de que de los pungas y chorros deben encargarse los oficialitos, no ellos, que son detectives; ellos van por los peces gordos.

Bue, resumiendo, la película avanza a medida que Alonzo va descubriendo más y más su mundo y su persona, en una telaraña de chanchullos que parece nunca terminar. Jake no sabe cómo reaccionar a todo esto (dejando de lado su drogadura), y va tratando de superar las situaciones, siempre cuestionando pero nunca disponiendo. El nudo de la historia se da hacia el final, cuando el guacho se ve tan envuelto en la telaraña que ya no puede salir, está atrapado, y la araña casi, casi se lo come. Zafa sólo por cierto hecho aislado, manifestación pura de él mismo, de su "yo" moral, en ése mismo día y que me trae a la memoria una frase recurrente: "el mundo es un pañuelo". Éstas cosas sean quizá, aparte de la puesta en escena y los diálogos magníficos, las que hacen a la magia de la película. Algo que en el momento parecía un detalle, nada más ni nada menos, algo del momento, algo que parecía un recurso para abrirle la puerta a la siguiente de las tantas lecciones de vida y de ley del día de entrenamiento, y que cuando se produce el quiebre donde nuestro bonachón miliquito está a punto de morir escopeteado, resuelven de forma redonda el rompecabezas para que salga airoso. Explico todo el asunto para que se entienda todo lo que quise decir: en un momento del paseo, justo después de fumar de la pipa de vidrio, el guacho ve que en un callejón dos cabezunchas están violándose una pibita. Le hace frenar el auto al negro y va y detiene él sólo a los dos malhechores. Alonzo les saca la plata y las drogas, y los deja libres. Pero es un tipo razonable, todo lo que hace tiene un sentido, y por tanto una explicación: ellos no están para esos asuntillos, ellos son detectives, están para más. A todo esto, resulta que a la guacha se le cae la billetera entre tanto despelote, el novato se la guarda, y ahí está la cosa: después, cuando Alonzo compra su muerte (cuestiones de la película, ver para entender) y lo deja en la casa de los comerciantes, resulta que la nena en cuestión es la prima del que lo tiene que matar. "La vida te da sorpresas" (a esto venía la frase del pañuelo) dice el bigote este, escopeta en mano; "No es nada personal", y lo deja irse. Acá, acá está el nudo de la historia, y lo que viene inmediatamente después es el desenlace directo, que ahora es prescindible tanto para mí como para este escrito (y de paso para no contar la peli ;).

Bue, algo que está muy logrado en la película también son los personajes: Ethan Hawke tiene mucha cara de buenudo, y le pone un plus con su carisma "timidón"; muy buen personaje. El negro, nuestro negro, Washington, ¡actorazo fiera! No se le mueve un pelo al tratar de negochuchos ni con criminales, no se le mueve un pelo al gatillar y matar. Y más bien, si es una rata, una mierda de persona, una porquería, en fin; otro personaje redondo. Después qué nos queda, los personajes secundarios: lo mismo, nada menos que lo que hace falta, un elenco de negros caripela tumba que dan miedo. Aparte, en el caso de un par de los personajes me parece que hay un efecto muy logrado si pensamos en el hecho de vestir "bien" a un tipo y que no parezca un nene bien, sinó una lacra inescrupulosa.
Muá, redonda, redonda, un peliculón. El que no la vio que la mire, y el que la vio que la mire de vuelta.
Las imágenes, al igual que en el posteo de las chinitas las robé de The Internet Movie Database. Se las saco porque son unos culorotos que no te dejan usar el botón derecho del ratón, no es porque sí vite.
Escrito entre el 21 y 29 de febrero de 2008 en Cuantomal.
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