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El bondi, transporte del pueblo; chorros, patrimonio de la humanidad

Jueves 4 de septiembre de 2008, por El Lu



Hoy volvía reloco para mi casa en el bondi, que pagué $1,50, habiendome tomado previamente la molestia de conseguir dicha suma en monedas y, cansado, agarrado del caño del techo, me puse a mirar a la gente y saqué una conclusión: cada vez más se ve gente bien empilchada, que bien podría en otra circunstancia aparentar un poder adquisitivo mayor al que evidentemente tienen. Para explicarme mejor, quiero aclarar que no digo esto desde un punto de vista crítico ni bueno ni malo, ni quejoso ni discriminatorio, incluso, me "gusta" que sea así tanto como me "gustaría" si no lo fuera, pero creo que el bondi ha de ser el transporte del pobre diablo, del marginal, como lo es hoy en día el tren (un servicio que ya podríamos definir como "asesino"), por dar un ejemplo. No obstante, creo que este fenómeno se produce por una cosa:

La gente que antes tenía plata para viajar en tutú o en taxi, ahora no la tiene, y debe viajar en bondi como opción única/preferente. Estamos todos cada vez más abajo de la pirámide, incluídos esos que no eran tan pobres como para tener que andar juntando monedas. Además, hay cada vez más chorros, y esto es algo que cualquier persona que no viva adentro de un termo sabe. Eso no es más que una prueba firme de que lo que los chorros no tienen y toman entonces por la fuerza ya le fue arrebatado a ellos por alguien más, por el puñado de putos que viven a costas del pueblo.

  • La foto me la robé de un artículo de Clarín, y muestra a una guacha jalando pegamento para intoxicarse y sobrellevar su miseria. Viene al caso, no obstante, porque de pronto se empezó a ver por todos lados en los terrenos de predominio más público (entiéndase, el centro de la ciudad) guachos jalando, un espectáculo chocante. Incluso, acá, en la capital de la provincia de Buenos Aires, la ciudad de La Plata, eran reconocidos (hasta que los agarraron fuerzas parapoliciales a fierrazos después de docenas de denuncias inútiles por robos y molestias) los guachitos de la Plaza San Martín, que jalaban por la cara de la Casa de Gobierno.

Escribo ésto como una reflexión chiquita, para dejar picando que estamos como el orto. Un comentario: la posta la tiene el tema de Kapanga, Robar para vivir, que dice, en palabras vagas, la explicación que me parece más lógica para que ande tanto chorizo dando vueltas. Y rematando, una aclaración, por si las moscas: yo vivo en La Plata, por lo que es probable que cualquier persona que viva en cualquier otro lado no vea las cosas como yo, o incluso no vea las cosas que se ven acá. Ya voy a caracterizar a la ciudad de mi corazón algún día, para que se entienda mejor toda esta secuencia.

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